La bronquiolitis es una infección respiratoria que afecta principalmente a bebés menores de dos años. Se produce por la inflamación de los bronquiolos (las vías respiratorias más pequeñas del pulmón), generalmente causada por el virus respiratorio sincitial (VRS). Esta afección suele aparecer en los meses fríos y es una de las principales causas de hospitalización en lactantes.
La prevalencia es alta, se estima que casi todos los niños la padecen antes de los dos años, aunque solo un pequeño porcentaje requiere ingreso hospitalario. Los principales síntomas de la bronquiolitis son:
- Dificultad respiratoria, que incluye sibilancias (especie de silbido agudo al respirar), falta de aliento y fatiga.
- Tos y/o fiebre.
- Dificultades en la alimentación o para conciliar el sueño.
- En casos más severos podemos encontrar aleteo nasal, tiraje (los músculos alrededor de las costillas se hunden a medida que el bebé trata de coger aire) y taquipnea (más de 60 respiraciones por minuto)
¿Cuándo acudir al médico?
Si el bebé presenta alguno de los síntomas anteriores debes llevarle al pediatra. El tratamiento médico es principalmente sintomático, incluye mantener una buena hidratación, controlar la fiebre y, en casos más graves, administrar oxígeno o realizar succión de secreciones.
¿Qué puede hacer la fisioterapia en la bronquiolitis?
La fisioterapia respiratoria ayudará a la expulsión de la mucosidad acumulada en las vías respiratorias, por lo que está especialmente indicada en la fase aguda de la bronquiolitis.
Es importante realizar un buen diagnóstico, buscando mediante auscultación el ruido característico de la bronquiolitis: sibilancias y/o crepitantes.
Una vez realizado el diagnóstico, se empieza con un lavado nasal, con suero fisiológico. Acto seguido, mediante ligeras presiones a nivel torácico y abdominal, el profesional llevará a cabo el drenaje de los bronquios provocando el desplazamiento de las secreciones hacia la boca del bebé. Mediante la estimulación de la tos, se producirá la expulsión de los mocos fuera de las vías respiratorias (es posible que durante la sesión no observemos la expulsión de los mocos por la boca, esto es porque el bebé los traga. Si eso ocurre, los expulsará más adelante a través de las heces). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34177198/
En pocas sesiones se suelen apreciar muy buenos resultados. Además, al drenar las secreciones acumuladas en las vías respiratorias, no sólo mejoramos la respiración del bebé, y por lo tanto el sueño y su alimentación, si no que prevenimos que estas secreciones se conviertan en un potencial foco de infección bacteriana, evitando una posible neumonía bacteriana secundaria o la insuficiencia respiratoria.
